En España se han logrado condenas por asesinato sin la presencia de un cadáver, sin confesión del culpable y sin pruebas físicas.
Se mencionan varios casos emblemáticos, como el de Ramón Lasso, condenado en 2014 por el asesinato de su pareja y cuñado a pesar de no haberse encontrado los cuerpos; el de Mohamed Erik, condenado por la muerte de su exesposa Piedad Moya; y el más reciente de Luis Bonet, sentenciado a 15 años de prisión por el homicidio de Diego Vargas, cuyo cuerpo tampoco fue hallado. En estos casos, los tribunales se basaron en una acumulación de indicios circunstanciales, como la conducta sospechosa de los acusados, las pruebas de sus móviles y la imposibilidad de que las víctimas hubieran desaparecido voluntariamente.
Esto demuestra que la ausencia de un cadáver no es un obstáculo insalvable para obtener condenas por asesinato en España.
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